martes, 8 de septiembre de 2009 | |

Cómo escribo

 

Italo Calvino



Escribo a mano y hago muchas, muchas correcciones. Diría que tacho más de lo que escribo. Tengo que buscar cada palabra cuando hablo, y experimento la misma dificultad cuando escribo. Después hago una cantidad de adiciones, interpolaciones, con una caligrafía diminuta.

Me gustaría trabajar todos los días. Pero a la mañana invento todo tipo de excusas para no trabajar: tengo que salir, hacer alguna compra, comprar los periódicos. Por lo general, me las arreglo para desperdiciar la mañana, así que termino escribiendo de tarde. Soy un escritor diurno, pero como desperdicio la mañana, me he convertido en un escritor vespertino. Podría escribir de noche, pero cuando lo hago no duermo. Así que trato de evitarlo.



Siempre tengo una cantidad de proyectos. Tengo una lista de alrededor de veinte libros que me gustaría escribir, pero después llega el momento de decidir que voy a escribir ese libro.



Cuando escribo un libro que es pura invención, siento un anhelo de escribir de un modo que trate directamente la vida cotidiana, mis actividades e ideas. En ese momento, el libro que me gustaría escribir no es el que estoy escribiendo. Por otra parte, cuando estoy escribiendo algo muy autobiográfico, ligado a las particularidades de la vida cotidiana, mi deseo va en dirección opuesta. El libro se convierte en uno de invención, sin relación aparente conmigo mismo y, tal vez por esa misma razón, más sincero.








EL ARTE DE LEER O CÓMO IR DE CAZA SIN MATAR AL PÁJARO

“El arte de leer o cómo ir de caza sin matar al pájaro”, fue el título de la charla que presentó la Asociación Amici della Cultura Italiana el pasado 14 de noviembre, a cargo de la profesora Graciela Amadío.

“A quién puede interesar la literatura, en un época de tanto discurso, tantas palabras ‘que muchas veces no dicen nada’; qué valor puede tener como un acto de resistencia o de presencia hablar de literatura”.


Así inició la charla la profesora, que invitó a todos los presentes a pararse en la literatura como lectores, por eso el acto de leer sería como el eje “pensar la lectura”, dijo, como ese lugar, como ese paseo que solemos hacer cada vez que abrimos un libro, ese recorrido que va desde la primera hasta la última página de ese acto revelador en el que se puede convertir al acto de leer.


El título de la charla, explicó, surgió de una afirmación que hace Umberto Eco, y que dice que la felicidad es pura incertidumbre, es pura inquietud, es ese movimiento que no alcanza el objetivo, sino que es en tanto se mueve y es en tanto se logra y que ahí está, si existe;la felicidad, es como ir de caza sin matar al pájaro, es salir pero no para conseguir el objetivo de matar, justamente lo que hace la literatura es generar, nacer, dar vida y justamente la metáfora o la imagen tenía que ver con el paseo, revitalizar el lenguaje, y nuestra relación con el libro.


El bosque como metáfora de la literatura, cada árbol es un libro y cada libro conforma el bosque y uno no puede ser sin el otro.


Con la guía de autores como Italo Calvino y Umberto Eco, mencionando algunos de sus escritos, fue desarrollándose el encuentro haciendo de la lectura un viaje por la fantasía y el juego literario.


Para que haya literatura tiene que haber cambio, movimiento, transformación y esto lleva tiempo, paciencia para recorrer, es un viaje, no forzar la lectura cuando no hay deseo, es un acto de independencia, de elección.


“Si yo leo, por ejemplo leo a Calvino que hoy está muerto, vuelve a estar vivo en aquello que se lee, en realidad no vamos a ser felices leyendo, pero quizás es recordar que alguna vez lo fuimos o lo quisimos ser, esto de ir albosque para cazar pero no matar al pájaro”, concluyó.













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